Siempre escuchamos decir que “lo único no copiable son los clientes” y que ellos siempre están dispuestos a escuchar grandes ideas. Ahora bien, la coyuntura económica actual y la urgencia en la búsqueda de resultados a corto plazo, ¿nos permiten verdaderamente pensar en nuestro no imitable cliente? ¿y generar ideas brillantes? Pues no y tampoco.
Si queremos obtener el ansiado éxito, debemos abstraernos de la cruda realidad, adaptarnos a los tiempos de cambio en que vivimos, pensando por y para el cliente, sólo él nos sacaran de la ciénaga de los mediocres. A cambio de su lealtad, nos exige experiencias, un producto extraordinario (probablemente la mejor herramienta de comunicación ¿verdad Jobs?), un servicio a la altura o todo a la vez. El cliente quiere sentir que se está atendiendo y resolviendo sus necesidades particulares, siendo la personalización, la transparencia, disponibilidad y rapidez, nuestras mejores “armas”.
Estamos sometidos a una constante evaluación por parte de los clientes y eso es una GRAN noticia ¿no? …bueno quizá NO para Telefónica, pero sí para el que quiera abrirse paso en el “Chicago años 20″ por el que transitamos, en el que el 76% de los consumidores no cree que las marcas y empresas digan la verdad. El futuro presente no es digital, es social y por ello se requiriere personas y empresas multidisciplinares, adaptadas al vertiginoso cambio de tendencias, adaptadas al promiscuo cliente y sabedores, de que sólo aplacará su lujuria, sintiéndose protagonista y decisor del reality en el que se ha convertido la relación con su mundo. Sólo así iremos de boda.
borjaime
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