Queramos o no, los clientes no son tontos. No podemos ser buenos en todo lo que se nos ocurra vender. No podemos pretender que nuestros clientes confiarán en todo lo que les digamos que seremos capaces de venderles.
En este sentido es muy importante tener claro cuál es el permissioning que nos conceden. Es decir, en qué nos conceden permiso nuestros clientes para venderles. En qué creen que podemos aportarles valor.
Muchas veces nos encerramos en nuestra propia visión y no somos conscientes de si los clientes nos “permitirán” o no que les intentemos vender algo o no.
En realidad hay dos temas detrás de este concepto, que tendremos que tener en cuenta cuando decidamos trabajar el portfolio:
Cuando queremos desarrollar nuevos productos o servicios debemos plantearnos esas preguntas, ¿Nuestros clientes permitirán que les hablemos de esto? y ¿Es coherente con el resto de servicios y/o productos que tenemos?
En caso de duda, deberemos buscar el punto en común con el resto de las opciones que ponemos a disposición de nuestros clientes.
¿Qué os parece? ¿Es importante mantener la coherencia en nuestro portfolio?
borjaime
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